martes, 27 de noviembre de 2018

Extrañando a Mamá

Hoy es uno de esos días en donde mis emociones me juegan mal. Hace 5 meses y medio perdí a mi mamá y estoy en esa etapa en dónde hay días que estoy bien, entiendo, comprendo que mi mamá ya no está, pero luego, otra vez tengo necesidades emocionales, quiero estar con ella, hablar con ella, que me abrace y me diga que las dificultades van a pasar. Las personas asumen que yo soy fuerte porque voy por la vida dando tumbos pero a la vez avanzando. Yo sonrío, claro que sí, pero de igual manera siento que hacer eso me ahoga. Estoy sola, no quiero molestar a nadie con lo que siento, trato de sobrellevarlo, pero a veces, simplemente no puedo. Tengo hermanos, ellos también sé que están sufriendo, mi papá, también sufre. Entonces que hago, a quién recurro, como alivio lo que estoy sintiendo? No es fácil para mí sobrellevar ésta pérdida. Son demasiadas pérdidas consecutivas, porque sé que incluso amigos estoy perdiendo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

La visita

Esa mañana Lillian recibe una nueva llamada era del hombre a quien ella había encantado. Le preguntaba dubitativo sí podían verse:
-Bueno, este, quería saber, sí puedo pasar a tu casa en la tarde, solo yo? Pregunta con miedo
-Por supuesto!! Responde ella extrañamente feliz.
Mientras escuchaba un disco de The Beatles en el viejo tocadiscos de su casa, ubicado en el recibidor, alguien toca a la puerta, y es él. Se veía realmente guapo, era la primera vez que lo veía en un pantalón de vestir negro, camisa blanca y corbata azul. Se quedó sin palabras, hablaron de música, se conocieron un poco más, él estaba extasiado con verla sonreír y hablar, ella no paraba de hablar, de contar historias que lo hacían reír. Ella era hábil, realmente muy hábil.
Terminaron de hablar y él preguntó si podía volver a visitarla, ella sin dudar dijo que sí.
Extrañamente empezaba a sentirse atraída por un hombre al que casi no conocía.
Mientras ella estaba despidiendo a su nuevo amigo, sus padres comentaban las noticias, había caído en una trampa un poderoso político del pueblo, gracias a documentos filtrados, sospechan del secretario del consejal...

lunes, 12 de noviembre de 2018

Asesina a sueldo o detective privado?

Eran las 23:45 cuando la llamaron, era el momento de salir, revisó cada rincón de su casa, controlando que todo estuviera perfectamente en quietud, ella sabía por dónde salir de casa sin que nadie lo supiera. La claraboya en el cuarto del medio de la casa era la salida perfecta.
Tomó su disfraz una vez más, su peluca negra, larga, un pantalón de mezclilla negro, unos calzados deportivos all star negro. Había tomado clases de maquillaje para disfrazar su verdadero oficio.
Lillian agarró el arma que le habían dado, conocía cada perímetro en su pequeño pueblo y se había hecho de una reputación de joven emocionalmente inestable, pero jamás nadie imaginaría lo que ella oculta bajo esa personalidad tan frágil.
Escapó una vez más de casa por unas horas.
Traía en el bolsillo del pantalón la fotografía de su objetivo. Hoy le habían dado la señal, tenía que hacerlo, si lograba conseguir los documentos que incriminen al consejal del pueblo, podría recibir mucho dinero y otros beneficios.
Se dirige con cuidado al encuentro con el viejo consejal, un hombre de mirada lasciva, cabello crespo, gordo de dientes amarillentos, producidos por su hábito de fumar. Un auto la esperaba a una distancia prudencial, el político del pueblo pensaba que había conquistado a una ingenua muchacha pobre, no sabía el cretino que era él el ingenuo.
Abre la puerta del auto con una pequeña sonrisa de triunfo y una palabra soez intentando encender el ambiente para, según él, la ingenua conquista.
-Te ves ardiente en esos pantalones, me muero por arrancartelos con los dientes - exclama y toma con una mano un trasero de Lillian.
-Espero puedas conmigo- fue la fría respuesta, asqueada de Lillian.
El hombre la agarra por el cuello y le planta un beso.
Ella contiene el aliento para no vómitar durante ese asqueroso beso francés.
Para acelerar el proceso de deshacerse del vejestorio, procede a frotar sus partes íntimas, el hombre pierde el aliento y ya no la puede besar.
Pudo safar por el momento.
El hombre necesita comprar un potenciador para poder, según su propio criterio, hacerla morir de placer.
Al bajar a una droguería, Lillian procede a buscar el  documento dentro del auto.
-Diablos, dónde lo puso?
-No quiero llegar con él a ese motel de mala muerte.
El viejo vuelve al vehículo y emprenden camino de nuevo.
Ya en el motel, Lillian procede a usar un somnífero en la bebida.
Pero el hombre no es tonto, ella necesita ser más astuta. Ella pide una bebida y le pide a él que los sirva, exponiendo sus senos.
El hombre accede ante el bamboleo hipnótico de sus pequeños pechos.
Mientras lo acuna en sus pechos ella tira dos pastillas de somníferos en la bebida del hombre.
Lillian da una pequeña risa de victoria.
Empiezan a beber y entre caricias y caricias el hombre duerme profundamente.
Vuelve al auto del hombre a buscar los documentos.
Por fin los encontró, en un sobre marrón debajo del asiento del conductor.
Los abre y encuentra la lista que le habían pedido.
Empieza a sacar fotografías a los documentos y los manda a la dirección que le dieron.
Vuelve al cuarto, pide un taxi para retirarse, no sin antes dejar una amable nota a su amante, quita un preservativo usado de su bolsillo y lo tira en el piso de la habitación y saca uno del paquete que compró el hombre junto con las pastillas de viagra.
En la mesa deja una nota que decía "Muchas gracias por amarme esta noche, honorable consejal, me hizo el amor como ningún hombre lo ha hecho" escribió la nota ahogada en risa. Ajustó muy bien su arma al tobillo se puso la remera y salió, tomó un taxi y volvió a casa.
No tuvo que matar a nadie, no tuvo que ofrecer su cuerpo, pero toda una institución caería por su intromisión.
Volvió a su casa, entró por el mismo lugar que había usado para salir, escondió su disfraz, se quitó el maquillaje y la peluca, guardó las fotos en la nube y eliminó el chip del celular que usaba para ponerse en contacto con el cliente.
Una vez más su trabajo había terminado.
Podría por fin dormir, pero, el asco que sentía al recordar las caricias del miserable que la tocó no la dejaban dormir.
En la mañana, con el sol levantándose por el este, como es costumbre en el pueblo, unas señoras se acercan a la madre de Lillian a preguntar por su hija, cuestionando si la que salió en la madrugada era la pobre chica desorientada. La madre entra a la casa y encuentra durmiendo a su niña en perfecta paz al lado suyo un libro religioso. No, jamás sería su hija. Despierta a su hija quién con los ojos entrecerrados acepta salir a ver a las preocupadas vecinas, entre murmuros las vecinas se cuestionan, al verla con su melena corta y sin accesorios, sí era o no era la hija de la devota mujer.
Cuando Lillian vuelve a entrar ahoga una risa de triunfo una vez más.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Colores de amor

Cómo Christian había entregado su palabra debía cumplirlo, fue así, que el jueves por la tarde llegaron hasta la casa de Lillian, Daniel estaba nervioso, le sudaban las manos y en un reflejo involuntario producto de los nervios se las frotaba intentado esconder la ansiedad. Llamaron a la puerta y Lillian asoma la Cabeza por la puerta y logra divisar a su gran amigo Chris, como le diría ella de cariño, hasta que de las penumbras se acerca Daniel, sorprendida lo mira incrédula y da un pequeño saludo con los ojos abiertos como platos. Saliendo al porche vestida de overol de color manzana...
-Ho-Hola Daniel - saluda.
Christian advierte que la presencia del extraño incomoda a su amiga y sale al paso diciendo:
-Quisimos venir a saludar hoy, Daniel en realidad quiso venir ayer, pero, era tarde y decidimos dejar para
-Gracias- interrumpe Daniel, - Gracias por el saludo de ayer-
Lillian ya lo había olvidado por completo
-Saludo? - lo cuestiona
-Sí, responde él, - por mi cumpleaños -
-Ooohhh, Aaahhh, sí, Feliz cumpleaños nuevamente - responde ella con una sonrisa.
Ella no podía hacerlos pasar a su casa, ese día no era el mejor de los escenarios familiares. Sólo podían hablar afuera.
Daniel la miraba de pies a cabeza, la estudiaba, estudiaba su sonrisa, sus ojos que bajo las luces del porche de la casa, parecían faroles que lo encandilaban, mientras hablaba y sonreía, ella acomodaba su corta melena detrás de una oreja y entonces cuando ella sonreía él veía su hermoso hoyuelo, no había dudas, ahora él se sabía embriagado de su belleza, se había enamorado de ella. Estaba rendido a los pies de su hechicera. No había vuelta atrás, ella sería de él, ya lo decidió.
-Lillian, tienes novio? Preguntó intrépido...
-NO!- Responde Lillian confundida.
-Por qué?- Insiste Daniel
-No sé- Responde Lillian, - supongo que aún no alcancé las expectativas de nadie o en realidad no estoy muy
interesada, pues mi sueño es ser religiosa-
Qué? Escuchó bien? Ella había dicho "religiosa"?
-Por qué? Preguntó entre sorprendido y molesto tal vez?
-No lo sé - respondió ella con un suspiro cansino, supongo que lo sabré más adelante- replicó a su respuesta.
Y continuó conversando con Christian...
-Eres muy bonita, estoy seguro que te sobran pretendientes, no es así Christian? Cuestiona con sorna a Christian.
-Supongo-, responde su amigo, algo incómodo ante la pregunta. A él también, Lillian lo atraía, pero, él sabía que ella marcó una línea, cuando habló de su vocación.
Daniel agarró más confianza y empezó a halagar a Lillian más y más. Una Lillian muy sonrojada se despide con un apretón de manos y se mete a la casa, solo para enfrentar a su colérico padre, que en ese momento sin más preámbulo, le incrusta una sonora bofetada, replicando:
-Eres una desconsiderada, mal educada, mujerzuela barata, es la única definición que tengo para describir a alguien que se reúne con dos hombres en la calle-
Lillian asustada corre a su cuarto a encerrarse y llorar. De verdad era ella una mujerzuela?
No, nunca pudo entender los cambios de humor de su padre.
Esa noche durmió con lágrimas en sus ojos por el dolor de la bofetada y la inquietante voz de un hombre que repetidas veces le había dicho que era bonita.
Por primera vez en la vida, sintió, cómo mariposas revoloteando en su ser.
Finalmente una pequeña grieta dejaba ver colores de amor.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Un saludo, el hechizo final

Él llegó a su casa, agotado, sonriente, había estado festejando su cumpleaños con sus amigos, esa noche cenaría con su familia una barbacoa sencilla y probablemente terminaría con una pequeña porción de pastel como postre.
-Daniel- dijo su madre, - Vino una joven señorita, preguntando por tí, quería pedirte un favor, que la ayudes a ubicar la casa de Christian, su nombre es Lillian.
Su mirada se iluminó y una sonrisa de felicidad asomó a sus labios, pero lo que jamás imaginó, pasó
-También te dejó dicho "Feliz Cumpleaños" -
Su madre no alcanzó a decir más nada y cómo un bólido salió disparado de su casa, corrió a casa de Christian a contarle las buenas nuevas, era muy entrada la noche, llegó y no paraba de morderse los dedos de la mano que tenía en forma de puño, girando en círculos dando pequeños saltitos de alegría.
-Fue a mi casa- dijo
-Sabe dónde vivo- dijo una vez más, pero está vez agarró a su amigo por los hombros y le dió una pequeña sacudida, quería hacerle sentir su felicidad.
-Podemos ir a su casa- indagó, - quiero darle las gracias-
-No podemos- dijo Christian - es tarde, deben estar durmiendo, iremos mañana, lo prometo-
Daniel volvió a su casa algo frustrado, pero muy feliz.
La hechicera fue a su casa y con eso terminó de embrujarlo, lo atrapó por completo.
Él ya estaba enamorado inconscientemente de esa hermosa bruja.
Lillian se sabía inconsciente de que ahora era dueña absoluta del amor y el alma de un hombre absolutamente he hechizado por ella.
Se había quedado dormida con un libro sobre su pecho.
Para ella fue solo un día cualquiera.

El regalo de cumpleaños que él no esperaba

Lillian tenía un padre muy severo, pero una madre que la embriagaba con su ternura.
Fueron juntas a misa ese domingo, un renombrado Obispo había llegado al pequeño pueblo, venía a dar un sacramento a un grupo de jóvenes entusiastas de confirmar su fe en Cristo. Lillian buscó a Christian para felicitarlo, más el primero en ponerse en su camino fue Daniel - Ella, sin titubear preguntó por su amigo, desilusionado, la ayudó a buscarlo.
Cuando Lillian vio a Christian, se abrió paso entre el gentío y alcanzó a su amigo para fundirse en un cálido abrazo de felicidad, ella sabía que él hizo una promesa, una que ella también haría tres semanas más tarde, se habían preparado para éste día por dos largos años, pero Dios valía la pena.
Sí, también había felicitado a Daniel, estrechando su mano, ella no era tan cruel y maleducada.
Cuando hubo saludado a su amigo se disponía a volver a casa junto con su madre y su pequeño sobrino, cuando en la puerta de la iglesia Daniel la esperaba con globos en la mano - Son para él - dijo señalando a su pequeño sobrino. Sergio sonrió al extraño joven y aceptó feliz el obsequio.
Lillian dijo - Gracias - y con una pequeña reverencia con la cabeza lo saludó y se retiró.
Volvió a casa intrigada con ese gesto, ella no entendía.
Los días pasaban, pero ese miércoles 15 de septiembre por la tarde, luego de haber ido a misa con Christian el día antes, mientras oraba, una extraña sensación le decía que lo buscara.
Salió de casa, sin saber dónde vivía él.
Fue a la iglesia de siempre donde se encontraban a menudo, preguntó a los vecinos de la iglesia, nadie conocía su casa, sin embargo - hay alguien que puede ayudarte, dijo sonriente una señora, mi sobrino es muy amigo suyo, vive aquí cerca, dijo señalando al norte, sigue éste camino derecho y cuando alcances la casa sin cercos, habrás llegado a destino, mi sobrino es Daniel y hoy está de cumpleaños- dijo la amble señora.
Lillian siguió el camino presurosa, no tenía mucho tiempo que perder, ella debía darle a Christian un mensaje.
Llegó a la casa de Daniel, dió dos pequeños golpes a la puerta y una pequeña señora salió a contestar, era la madre de Daniel, él aún no estaba en casa - Buenas tardes - dijo Lillian con voz suave - ¿Cómo puedo ayudar? - dijo la madre de Daniel.
- Busco a su hijo señora, su tía la vecina de la iglesia me dijo que él podría ayudarme a encontrar la casa de Christian.
-O sí, en serio? Él no se encuentra, pero le diré que viniste.
-Muchas gracias, señora - y cuando ya Lillian se retiraba, recordó el cumpleaños y se giró sobre sus pies y parada a unos metros de la puerta de Daniel, dijo a su madre - Felicidades a su hijo señora, hoy es su cumpleaños - y se retiró.
Ese saludo, cambiaría sus vidas para siempre...

La hechicera que iba a misa

Se conocieron de pura casualidad, un viernes mientras comenzaba la noche, él iba de viaje con sus amigos, ella a reunirse con Dios en una típica misa diaria a la que ella asistía.
Estaba decidida a ser la esposa de Jesús, él decidido a ser un profesor de inglés, jamás imaginaron que el destino les cambiaría los planes sin consultarles su opinión.
Ella llevaba puesta una falda de color salmón y una básica negra con cuello de tortuga, un rosario con olor a rosas en la mano y flores para el santísimo en la otra, ella estaba enamorada de Jesús.
Llegó a la iglesia, se arrodilló y mientras oraba alguien se acercó por detrás y con un toque en el hombro llamó su atención, ella levantó la mirada y giró el rostro para ver quién era, una amplia sonrisa en su rostro se formó, era su nuevo amigo, su nuevo hermano en Jesús, era Christian quién la llamaba.
Salieron a conversar en el pequeño corredor de la iglesia, ellos habían estado yendo juntos a conversar con un sacerdote sobre su vocación.
Christian no podía concentrar la mirada en su amiga, pues desde atrás alguien más se notaba interesado en conocerla, su belleza lo había deslumbrado.
-Lillian, le dijo Christian - hay alguien que quiero presentarte. Desde atrás aparece y se pone a su lado un escuálido joven, bien parecido sí, pero que no despertaba en ella un mínimo interés.
- Lillian, dijo Christian con un sonoro suspiro, Daniel, señalando a su amigo, Daniel, ella es Lillian señalando a su amiga.
-Mucho gusto! - Dijo Lillian
-Encantado de conocerte! - exclamó Daniel con una sonrisa torcida.
Más Lillian siguió hablando con Christian...
La misa iba a comenzar, se disculpó, volvió a saludar, ingresó al salón, comenzó la misa y su vida siguió... Por unos días nada cambió para ella.
Daniel en cambió se sentía curioso, ella lo cautivó. Durante todo el viaje le preguntaba detalles de Lillian a Christian, él con paciencia le contestaba lo poco que sabía.
Él no sabía, pero ella ya lo había hechizado...

La vieja revistería.

Llevaba puesta un desvencijado pantalón de mezclilla, un par de estropeados tenis y una etérea blusa de gaza blanca con pequeños puntos blancos y un tierno cuello de bebé.
Caminaba cabizbaja con las manos en los bolsillos del pantalón, contando sus pasos, cuando de pronto sin pensarlo chocaron frente a la vieja revistería dónde años atrás se habían dado su primer beso, ese beso que les hizo perder la noción del tiempo, del lugar, del dolor.
Se disculparon, pero cuando se miraron a los ojos vieron lo mucho y a la vez lo poco que habían cambiado tantos años después.
Ella estaba más hermosa que nunca, sus ojos aunque algo tristes irradiaban dulzura, su gran característica, sus ojos dulces de color café, al mirarla una vez más con su amplia y maravillosa sonrisa dejando ver su perfecta dentadura,  él se perdió una vez más.
Él se veía más maduro, con esa camisa celeste de diseño italiano, pantalones color caqui, pero cuando ella miró sus pies se dió cuenta que él no había cambiado mucho, seguía usando convers negros de calzado y de nuevo sintió las viejas mariposas revoloteando.
Ella se pasó algo de cabello detrás de la oreja y sonrojada saludó - ¿Ha pasado tanto tiempo?
Y con una sonrisa de lado él le contestó -!Es verdad¡
Y sin más que agregar cada quién siguió su camino.
Él también lo sintió, a él no le respondían las piernas, le temblaban como hojas en otoño las rodillas.
Aún se amaban. Pero en ésta vida el destino tenía otros planes.
Ambos giraron una vez más para mirarse, un pequeño saludo inclinando un poco la cabeza para seguir nuevamente.
Ella se encontró a su esposo y lo abrazó tan fuerte como pudo, ella sabía que si ahora no lo hacía correría a sus brazos.
Él se encontró a sus amigos y con una sonora carcajada trataba de ocultar sus ganas de besarla, una vez más.
A veces el destino nos forja el temple, al reencontrarnos con viejos amores.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Y mi corazón se rompió

Ahí estaba ella sentada en el césped que dejaba entre ver algo de tierra hechas por el hombre al ser usada como camino, se sostenía de una endeble pared que en ese momento representaba lo frágil y quebradiza que se volvió su vida al escuchar de sus labios, esas palabras, él le pedía romper, romper lazos de amor que habían creado sobre nubes de algodón, le pedía romper sus sueños de amor mutuo que ya incluían nombres para sus hijos, él le pedía que dijera adiós a ese hogar que ya tenía olor a leña para el invierno y a flor de coco para navidad.
Sostenida de esa pared sentía que la vida se le iba y un sordo sonido como de vidrios quebrandose, ella sintió que el corazón se le partía, sí, era real, ese sonido para ella era real y desde entonces ella no fue la misma, se volvió un fantasma un alma en pena esperando redención, se volvió vacía, ella lo amaba más que a su vida. Más él en ese momento le daba la espalda, ella que un mes antes, segura de su amor y de que él era el indicado, le entregó su más hermosa flor, le entregó su alma, su ser, su vida. En una cama ajena, entre sábanas que no eran suyas, así se entregó, porque no quería a nadie más, su cuerpo, su alma y su ser a él le pertenecían. Pero entonces un día él fue a decirle que necesitaban hablar y desde el soslayo de su mirada vio su rostro serio y entendió que probablemente ese era el fin, sus instintos le advertían, pero ella no quiso escuchar, ella estaba segura de su amor, pero sin embargo, una vez más sus instintos tuvieron razón.
Dijo él, frío y calculador que era el momento de terminar, que él se sentía asfixiado, que ella lo controlaba, que no lo dejaba ser, cuando era todo lo contrario. Era él quién la buscaba, era él quién la llamaba desde cualquier teléfono público para saber dónde estaba su amor, era él quién se volvía loco de celos cuando alguien más la miraba, ella era una hermosa trigueña de pelo corto, rostro ovalado, que cuándo sonreía del lado derecho se hundía en un hermoso hoyuelo esa sonrisa, mirada profunda de ojos café que le daban la vida que él sentía se merecía.
Pero de la noche a la mañana sin muchas palabras él le pedía terminar su amor que en pocos meses habían desbordado como un dique averiado. Le dió una estocada y esa perfecta belleza se volvió un fantasma, que se hizo amiga de la muerte. Ella buscaba a su amiga la muerte, pero su buena amiga le dijo que no era el momento, su buena amiga le decía que debía vivir, pero ella no quería y como su amiga no le quiso ayudar a aliviar su dolor, empezó a entregar su cuerpo al mejor postor, durmió en las calles, su corazón se volvió oscuro y sombrío, lúgubre. No pudo amar más.