Ahí estaba ella sentada en el césped que dejaba entre ver algo de tierra hechas por el hombre al ser usada como camino, se sostenía de una endeble pared que en ese momento representaba lo frágil y quebradiza que se volvió su vida al escuchar de sus labios, esas palabras, él le pedía romper, romper lazos de amor que habían creado sobre nubes de algodón, le pedía romper sus sueños de amor mutuo que ya incluían nombres para sus hijos, él le pedía que dijera adiós a ese hogar que ya tenía olor a leña para el invierno y a flor de coco para navidad.
Sostenida de esa pared sentía que la vida se le iba y un sordo sonido como de vidrios quebrandose, ella sintió que el corazón se le partía, sí, era real, ese sonido para ella era real y desde entonces ella no fue la misma, se volvió un fantasma un alma en pena esperando redención, se volvió vacía, ella lo amaba más que a su vida. Más él en ese momento le daba la espalda, ella que un mes antes, segura de su amor y de que él era el indicado, le entregó su más hermosa flor, le entregó su alma, su ser, su vida. En una cama ajena, entre sábanas que no eran suyas, así se entregó, porque no quería a nadie más, su cuerpo, su alma y su ser a él le pertenecían. Pero entonces un día él fue a decirle que necesitaban hablar y desde el soslayo de su mirada vio su rostro serio y entendió que probablemente ese era el fin, sus instintos le advertían, pero ella no quiso escuchar, ella estaba segura de su amor, pero sin embargo, una vez más sus instintos tuvieron razón.
Dijo él, frío y calculador que era el momento de terminar, que él se sentía asfixiado, que ella lo controlaba, que no lo dejaba ser, cuando era todo lo contrario. Era él quién la buscaba, era él quién la llamaba desde cualquier teléfono público para saber dónde estaba su amor, era él quién se volvía loco de celos cuando alguien más la miraba, ella era una hermosa trigueña de pelo corto, rostro ovalado, que cuándo sonreía del lado derecho se hundía en un hermoso hoyuelo esa sonrisa, mirada profunda de ojos café que le daban la vida que él sentía se merecía.
Pero de la noche a la mañana sin muchas palabras él le pedía terminar su amor que en pocos meses habían desbordado como un dique averiado. Le dió una estocada y esa perfecta belleza se volvió un fantasma, que se hizo amiga de la muerte. Ella buscaba a su amiga la muerte, pero su buena amiga le dijo que no era el momento, su buena amiga le decía que debía vivir, pero ella no quería y como su amiga no le quiso ayudar a aliviar su dolor, empezó a entregar su cuerpo al mejor postor, durmió en las calles, su corazón se volvió oscuro y sombrío, lúgubre. No pudo amar más.
Sostenida de esa pared sentía que la vida se le iba y un sordo sonido como de vidrios quebrandose, ella sintió que el corazón se le partía, sí, era real, ese sonido para ella era real y desde entonces ella no fue la misma, se volvió un fantasma un alma en pena esperando redención, se volvió vacía, ella lo amaba más que a su vida. Más él en ese momento le daba la espalda, ella que un mes antes, segura de su amor y de que él era el indicado, le entregó su más hermosa flor, le entregó su alma, su ser, su vida. En una cama ajena, entre sábanas que no eran suyas, así se entregó, porque no quería a nadie más, su cuerpo, su alma y su ser a él le pertenecían. Pero entonces un día él fue a decirle que necesitaban hablar y desde el soslayo de su mirada vio su rostro serio y entendió que probablemente ese era el fin, sus instintos le advertían, pero ella no quiso escuchar, ella estaba segura de su amor, pero sin embargo, una vez más sus instintos tuvieron razón.
Dijo él, frío y calculador que era el momento de terminar, que él se sentía asfixiado, que ella lo controlaba, que no lo dejaba ser, cuando era todo lo contrario. Era él quién la buscaba, era él quién la llamaba desde cualquier teléfono público para saber dónde estaba su amor, era él quién se volvía loco de celos cuando alguien más la miraba, ella era una hermosa trigueña de pelo corto, rostro ovalado, que cuándo sonreía del lado derecho se hundía en un hermoso hoyuelo esa sonrisa, mirada profunda de ojos café que le daban la vida que él sentía se merecía.
Pero de la noche a la mañana sin muchas palabras él le pedía terminar su amor que en pocos meses habían desbordado como un dique averiado. Le dió una estocada y esa perfecta belleza se volvió un fantasma, que se hizo amiga de la muerte. Ella buscaba a su amiga la muerte, pero su buena amiga le dijo que no era el momento, su buena amiga le decía que debía vivir, pero ella no quería y como su amiga no le quiso ayudar a aliviar su dolor, empezó a entregar su cuerpo al mejor postor, durmió en las calles, su corazón se volvió oscuro y sombrío, lúgubre. No pudo amar más.
Que bonita historia 💔
ResponderEliminarChaaa me encanta!
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