viernes, 9 de noviembre de 2018

El regalo de cumpleaños que él no esperaba

Lillian tenía un padre muy severo, pero una madre que la embriagaba con su ternura.
Fueron juntas a misa ese domingo, un renombrado Obispo había llegado al pequeño pueblo, venía a dar un sacramento a un grupo de jóvenes entusiastas de confirmar su fe en Cristo. Lillian buscó a Christian para felicitarlo, más el primero en ponerse en su camino fue Daniel - Ella, sin titubear preguntó por su amigo, desilusionado, la ayudó a buscarlo.
Cuando Lillian vio a Christian, se abrió paso entre el gentío y alcanzó a su amigo para fundirse en un cálido abrazo de felicidad, ella sabía que él hizo una promesa, una que ella también haría tres semanas más tarde, se habían preparado para éste día por dos largos años, pero Dios valía la pena.
Sí, también había felicitado a Daniel, estrechando su mano, ella no era tan cruel y maleducada.
Cuando hubo saludado a su amigo se disponía a volver a casa junto con su madre y su pequeño sobrino, cuando en la puerta de la iglesia Daniel la esperaba con globos en la mano - Son para él - dijo señalando a su pequeño sobrino. Sergio sonrió al extraño joven y aceptó feliz el obsequio.
Lillian dijo - Gracias - y con una pequeña reverencia con la cabeza lo saludó y se retiró.
Volvió a casa intrigada con ese gesto, ella no entendía.
Los días pasaban, pero ese miércoles 15 de septiembre por la tarde, luego de haber ido a misa con Christian el día antes, mientras oraba, una extraña sensación le decía que lo buscara.
Salió de casa, sin saber dónde vivía él.
Fue a la iglesia de siempre donde se encontraban a menudo, preguntó a los vecinos de la iglesia, nadie conocía su casa, sin embargo - hay alguien que puede ayudarte, dijo sonriente una señora, mi sobrino es muy amigo suyo, vive aquí cerca, dijo señalando al norte, sigue éste camino derecho y cuando alcances la casa sin cercos, habrás llegado a destino, mi sobrino es Daniel y hoy está de cumpleaños- dijo la amble señora.
Lillian siguió el camino presurosa, no tenía mucho tiempo que perder, ella debía darle a Christian un mensaje.
Llegó a la casa de Daniel, dió dos pequeños golpes a la puerta y una pequeña señora salió a contestar, era la madre de Daniel, él aún no estaba en casa - Buenas tardes - dijo Lillian con voz suave - ¿Cómo puedo ayudar? - dijo la madre de Daniel.
- Busco a su hijo señora, su tía la vecina de la iglesia me dijo que él podría ayudarme a encontrar la casa de Christian.
-O sí, en serio? Él no se encuentra, pero le diré que viniste.
-Muchas gracias, señora - y cuando ya Lillian se retiraba, recordó el cumpleaños y se giró sobre sus pies y parada a unos metros de la puerta de Daniel, dijo a su madre - Felicidades a su hijo señora, hoy es su cumpleaños - y se retiró.
Ese saludo, cambiaría sus vidas para siempre...

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