Él llegó a su casa, agotado, sonriente, había estado festejando su cumpleaños con sus amigos, esa noche cenaría con su familia una barbacoa sencilla y probablemente terminaría con una pequeña porción de pastel como postre.
-Daniel- dijo su madre, - Vino una joven señorita, preguntando por tí, quería pedirte un favor, que la ayudes a ubicar la casa de Christian, su nombre es Lillian.
Su mirada se iluminó y una sonrisa de felicidad asomó a sus labios, pero lo que jamás imaginó, pasó
-También te dejó dicho "Feliz Cumpleaños" -
Su madre no alcanzó a decir más nada y cómo un bólido salió disparado de su casa, corrió a casa de Christian a contarle las buenas nuevas, era muy entrada la noche, llegó y no paraba de morderse los dedos de la mano que tenía en forma de puño, girando en círculos dando pequeños saltitos de alegría.
-Fue a mi casa- dijo
-Sabe dónde vivo- dijo una vez más, pero está vez agarró a su amigo por los hombros y le dió una pequeña sacudida, quería hacerle sentir su felicidad.
-Podemos ir a su casa- indagó, - quiero darle las gracias-
-No podemos- dijo Christian - es tarde, deben estar durmiendo, iremos mañana, lo prometo-
Daniel volvió a su casa algo frustrado, pero muy feliz.
La hechicera fue a su casa y con eso terminó de embrujarlo, lo atrapó por completo.
Él ya estaba enamorado inconscientemente de esa hermosa bruja.
Lillian se sabía inconsciente de que ahora era dueña absoluta del amor y el alma de un hombre absolutamente he hechizado por ella.
Se había quedado dormida con un libro sobre su pecho.
Para ella fue solo un día cualquiera.
viernes, 9 de noviembre de 2018
Un saludo, el hechizo final
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