Bueno, después de mucho vuelvo a escribir porque me veo en la necesidad de trazarme metas nuevas y desafíos nuevos. Hace 6 meses tuve una cirugía que me cambió la vida, pero es como si fuera que aún no soy consciente de ello, de que necesito cambiar mi estilo de vida, que mi sobrepeso no es saludable, que mi vida está en riesgo. Yo no sé si alguien más pasa por lo mismo, pero entramos en un momento de nuestras vidas en una especie de "stand by" personal y te das cuenta que la vida a tu alrededor sigue, que tus hijos crecen, que tus amigos siguen con sus respectivas vidas, pero uno, en mi caso yo, estoy así como en una pausa sin desearlo en la vida. He subido de peso bastante, no tengo fuerza de voluntad para arrancar nuevamente con la dieta, bueno, en realidad no es dieta es un cambio de estilo de vida, no sé en qué momento le perdí a esa chica que hacía todo lo que quería, que luchaba por sus sueños, no sé en qué momento esa pérdida se trasladó a mí organismo, a mis hábitos, a todo lo que amo. Me pierdo lentamente en una rutina vacía, pero también hay días en las que me encuentro de nuevo, cuando salgo a caminar, cuando alimento a mi cuerpo, pero así como cuando estoy sola puedo hacer eso, cuando estoy en un determinado lugar o con alguna determinada persona pierdo todo eso que logro construir cuando estoy en soledad, no sé si amo tanto el estar sola o transfiero tanto de los demás a mi ser que necesariamente en un momento dado busco de sobre manera el silencio y el contacto con mis gatos, creo que caigo en el famoso cliché de "cuando más conozco al hombre más quiero a mi perro" , en este caso, más quiero a mis gatos.
Pero, igual y desde el lunes empecé a comer más saludable, aunque mi droga mayor (las cosas dulces) siguen siendo lo más difícil de dejar.
Del otro lado de la luna
Porque a pesar de su oscuridad es capaz de dar su mejor brillo.
viernes, 16 de agosto de 2019
A ponernos las pilas!
jueves, 20 de diciembre de 2018
Jugando a ganar
Él estaba jugando a ganar, no importaba como, la sometería y la volvería, un despojo humano...
Ella dió el primer paso, sí, pero él no la detuvo, cuando supo que ella cambiaría su vida por la de él, simplemente la dejó alimentar su ilusión.
Pasaban los días y él empezaba decirle que se vistiera para provocarlo, la sexualizaba, amaba mostrarle al resto de los hombres que ella, había caído con él, que ella era el juguete de ese momento, la apartó de su amigo Cristian, la apartó de sus amigas, ahora él era el centro de su vida, sus amigas debían entenderla, comprenderán que él la ama. Que equivocada estaba, él no la amaba.
La arrinconaba donde quisiera y la besaba hasta que ella se perdiera, luego la menospreciaba, hasta hacerla perder el amor propio y su dignidad, más cuando ella empezaba a llorar diciendo que ya no podía más, el simplemente la besaba y la llenaba de halagos, -Eres mi princesa, te amo, solo que no tolero que te miren, como lo hacen. Pero él la quería vestida con ropas que pudieran demostrar su escuálida figura. Sus amigas la veían y le decían que su delgadez era preocupante, y sí, era verdad, pero solo ella sabia que la bulimia y la amigas no regia la harían ver delgada como él la quería, y seguía en ese círculo sin fin de decisiones enfermas, caóticas y sin salida. Ella solo quería complacerlo para que no la dejara... pasaron los días y después de acostarse con ella volvía a destrozarla por dentro, diciéndole que ella simplemente no era nadie que no servía como mujer. Que él era mucho hombre para tan poca cosa y sin futuro que era ella, ella tenía sueños, él las conocía y cuando estaban bien hacían planes sobre esos sueños juntos, pero cuando estaban mal... hmmm, cuando estaban mal, la violencia emocional a la que la sometía no tenía fin... solo duraron 5 meses juntos, 5 meses donde el destruyó sus mayores sueños, donde él destruyó sus ilusiones, donde la destruyó a ella. El tiro de gracia que la dejó como una muerta viviente, fue un domingo, en una calle, le dijo que simplemente ella no era lo suficiente mujer para él, que ella no tenía "eso" que él buscaba... ella se arrastró, suplicó, lloró en esa tierra, se aferró a sus pies pidiendo clemencia y paciencia, que ella cambiaría, más él, con una pequeña sonrisa torcida como disimulando el placer que le producía verla arrastrada... Ella no se rindió, buscó la manera de seguir con él, aceptó perder la poca dignidad que tenía para buscarlo, lo buscó, volvió a rogar, lloró pero él ya no volvió. Cuando por fin entendió que él ya no volvería, se sintió morir, y dejó de sonreír, de vivir, y simplemente empezó a sobrevivir, su primo, un fotógrafo renombrado hizo un álbum de fotos para ella, la lanzó para que pudiera ser modelo o promotora, lo hizo, pero después volvía a su casa y se encerraba a llorar, pasaban los días, su vida era un sinsentido, empezó a mostrar debilidad, ella ya no daba del dolor y la angustia, pasaba días sin comer, solo llorando. Dejó de escuchar música y empezó a mirar fijamente el techo de su casa buscando la manera menos cruel y dolorosa de morir. Sus amigas la buscaban pero ella simplemente se ocultaba, no quería verlas, ella las había abandonado por él. Su madre preparaba sus platos favoritos, pero ella solo jugaba con la comida, no podía comer, simplemente nada tenía sabor, todo era amargo, añejo, mohoso y asqueroso para ella. Ciertamente todos sabían que ella ya no tenía novio, los problemas se acrecentaban en su casa, por que nadie entendía, como un simple novio podía dejarla así, todos le decían que conocería a alguien mejor, pero ella muy en su interior creía que ya no merecía el amor de nadie. Seguía yendo am misa, hablaba con monjas, pero nada le devolvía la sonrisa, en su interior ella simplemente había dejado de existir. Mientras caminaba en esa noche cálida de regreso a su casa, simplemente todo se apagó, pasos apagones de llegar apagones su casa ella había colapsado, cayó inconsciente... Él la seguía de lejos, disfrutaba ver su obra maestra, sonreía en la oscuridad, ella pronto moriría y ese, ese era su mayor deseo, verla morir por él...
martes, 27 de noviembre de 2018
Extrañando a Mamá
Hoy es uno de esos días en donde mis emociones me juegan mal. Hace 5 meses y medio perdí a mi mamá y estoy en esa etapa en dónde hay días que estoy bien, entiendo, comprendo que mi mamá ya no está, pero luego, otra vez tengo necesidades emocionales, quiero estar con ella, hablar con ella, que me abrace y me diga que las dificultades van a pasar. Las personas asumen que yo soy fuerte porque voy por la vida dando tumbos pero a la vez avanzando. Yo sonrío, claro que sí, pero de igual manera siento que hacer eso me ahoga. Estoy sola, no quiero molestar a nadie con lo que siento, trato de sobrellevarlo, pero a veces, simplemente no puedo. Tengo hermanos, ellos también sé que están sufriendo, mi papá, también sufre. Entonces que hago, a quién recurro, como alivio lo que estoy sintiendo? No es fácil para mí sobrellevar ésta pérdida. Son demasiadas pérdidas consecutivas, porque sé que incluso amigos estoy perdiendo.
jueves, 15 de noviembre de 2018
La visita
Esa mañana Lillian recibe una nueva llamada era del hombre a quien ella había encantado. Le preguntaba dubitativo sí podían verse:
-Bueno, este, quería saber, sí puedo pasar a tu casa en la tarde, solo yo? Pregunta con miedo
-Por supuesto!! Responde ella extrañamente feliz.
Mientras escuchaba un disco de The Beatles en el viejo tocadiscos de su casa, ubicado en el recibidor, alguien toca a la puerta, y es él. Se veía realmente guapo, era la primera vez que lo veía en un pantalón de vestir negro, camisa blanca y corbata azul. Se quedó sin palabras, hablaron de música, se conocieron un poco más, él estaba extasiado con verla sonreír y hablar, ella no paraba de hablar, de contar historias que lo hacían reír. Ella era hábil, realmente muy hábil.
Terminaron de hablar y él preguntó si podía volver a visitarla, ella sin dudar dijo que sí.
Extrañamente empezaba a sentirse atraída por un hombre al que casi no conocía.
Mientras ella estaba despidiendo a su nuevo amigo, sus padres comentaban las noticias, había caído en una trampa un poderoso político del pueblo, gracias a documentos filtrados, sospechan del secretario del consejal...
lunes, 12 de noviembre de 2018
Asesina a sueldo o detective privado?
Eran las 23:45 cuando la llamaron, era el momento de salir, revisó cada rincón de su casa, controlando que todo estuviera perfectamente en quietud, ella sabía por dónde salir de casa sin que nadie lo supiera. La claraboya en el cuarto del medio de la casa era la salida perfecta.
Tomó su disfraz una vez más, su peluca negra, larga, un pantalón de mezclilla negro, unos calzados deportivos all star negro. Había tomado clases de maquillaje para disfrazar su verdadero oficio.
Lillian agarró el arma que le habían dado, conocía cada perímetro en su pequeño pueblo y se había hecho de una reputación de joven emocionalmente inestable, pero jamás nadie imaginaría lo que ella oculta bajo esa personalidad tan frágil.
Escapó una vez más de casa por unas horas.
Traía en el bolsillo del pantalón la fotografía de su objetivo. Hoy le habían dado la señal, tenía que hacerlo, si lograba conseguir los documentos que incriminen al consejal del pueblo, podría recibir mucho dinero y otros beneficios.
Se dirige con cuidado al encuentro con el viejo consejal, un hombre de mirada lasciva, cabello crespo, gordo de dientes amarillentos, producidos por su hábito de fumar. Un auto la esperaba a una distancia prudencial, el político del pueblo pensaba que había conquistado a una ingenua muchacha pobre, no sabía el cretino que era él el ingenuo.
Abre la puerta del auto con una pequeña sonrisa de triunfo y una palabra soez intentando encender el ambiente para, según él, la ingenua conquista.
-Te ves ardiente en esos pantalones, me muero por arrancartelos con los dientes - exclama y toma con una mano un trasero de Lillian.
-Espero puedas conmigo- fue la fría respuesta, asqueada de Lillian.
El hombre la agarra por el cuello y le planta un beso.
Ella contiene el aliento para no vómitar durante ese asqueroso beso francés.
Para acelerar el proceso de deshacerse del vejestorio, procede a frotar sus partes íntimas, el hombre pierde el aliento y ya no la puede besar.
Pudo safar por el momento.
El hombre necesita comprar un potenciador para poder, según su propio criterio, hacerla morir de placer.
Al bajar a una droguería, Lillian procede a buscar el documento dentro del auto.
-Diablos, dónde lo puso?
-No quiero llegar con él a ese motel de mala muerte.
El viejo vuelve al vehículo y emprenden camino de nuevo.
Ya en el motel, Lillian procede a usar un somnífero en la bebida.
Pero el hombre no es tonto, ella necesita ser más astuta. Ella pide una bebida y le pide a él que los sirva, exponiendo sus senos.
El hombre accede ante el bamboleo hipnótico de sus pequeños pechos.
Mientras lo acuna en sus pechos ella tira dos pastillas de somníferos en la bebida del hombre.
Lillian da una pequeña risa de victoria.
Empiezan a beber y entre caricias y caricias el hombre duerme profundamente.
Vuelve al auto del hombre a buscar los documentos.
Por fin los encontró, en un sobre marrón debajo del asiento del conductor.
Los abre y encuentra la lista que le habían pedido.
Empieza a sacar fotografías a los documentos y los manda a la dirección que le dieron.
Vuelve al cuarto, pide un taxi para retirarse, no sin antes dejar una amable nota a su amante, quita un preservativo usado de su bolsillo y lo tira en el piso de la habitación y saca uno del paquete que compró el hombre junto con las pastillas de viagra.
En la mesa deja una nota que decía "Muchas gracias por amarme esta noche, honorable consejal, me hizo el amor como ningún hombre lo ha hecho" escribió la nota ahogada en risa. Ajustó muy bien su arma al tobillo se puso la remera y salió, tomó un taxi y volvió a casa.
No tuvo que matar a nadie, no tuvo que ofrecer su cuerpo, pero toda una institución caería por su intromisión.
Volvió a su casa, entró por el mismo lugar que había usado para salir, escondió su disfraz, se quitó el maquillaje y la peluca, guardó las fotos en la nube y eliminó el chip del celular que usaba para ponerse en contacto con el cliente.
Una vez más su trabajo había terminado.
Podría por fin dormir, pero, el asco que sentía al recordar las caricias del miserable que la tocó no la dejaban dormir.
En la mañana, con el sol levantándose por el este, como es costumbre en el pueblo, unas señoras se acercan a la madre de Lillian a preguntar por su hija, cuestionando si la que salió en la madrugada era la pobre chica desorientada. La madre entra a la casa y encuentra durmiendo a su niña en perfecta paz al lado suyo un libro religioso. No, jamás sería su hija. Despierta a su hija quién con los ojos entrecerrados acepta salir a ver a las preocupadas vecinas, entre murmuros las vecinas se cuestionan, al verla con su melena corta y sin accesorios, sí era o no era la hija de la devota mujer.
Cuando Lillian vuelve a entrar ahoga una risa de triunfo una vez más.
sábado, 10 de noviembre de 2018
Colores de amor
Cómo Christian había entregado su palabra debía cumplirlo, fue así, que el jueves por la tarde llegaron hasta la casa de Lillian, Daniel estaba nervioso, le sudaban las manos y en un reflejo involuntario producto de los nervios se las frotaba intentado esconder la ansiedad. Llamaron a la puerta y Lillian asoma la Cabeza por la puerta y logra divisar a su gran amigo Chris, como le diría ella de cariño, hasta que de las penumbras se acerca Daniel, sorprendida lo mira incrédula y da un pequeño saludo con los ojos abiertos como platos. Saliendo al porche vestida de overol de color manzana...
-Ho-Hola Daniel - saluda.
Christian advierte que la presencia del extraño incomoda a su amiga y sale al paso diciendo:
-Quisimos venir a saludar hoy, Daniel en realidad quiso venir ayer, pero, era tarde y decidimos dejar para
-Gracias- interrumpe Daniel, - Gracias por el saludo de ayer-
Lillian ya lo había olvidado por completo
-Saludo? - lo cuestiona
-Sí, responde él, - por mi cumpleaños -
-Ooohhh, Aaahhh, sí, Feliz cumpleaños nuevamente - responde ella con una sonrisa.
Ella no podía hacerlos pasar a su casa, ese día no era el mejor de los escenarios familiares. Sólo podían hablar afuera.
Daniel la miraba de pies a cabeza, la estudiaba, estudiaba su sonrisa, sus ojos que bajo las luces del porche de la casa, parecían faroles que lo encandilaban, mientras hablaba y sonreía, ella acomodaba su corta melena detrás de una oreja y entonces cuando ella sonreía él veía su hermoso hoyuelo, no había dudas, ahora él se sabía embriagado de su belleza, se había enamorado de ella. Estaba rendido a los pies de su hechicera. No había vuelta atrás, ella sería de él, ya lo decidió.
-Lillian, tienes novio? Preguntó intrépido...
-NO!- Responde Lillian confundida.
-Por qué?- Insiste Daniel
-No sé- Responde Lillian, - supongo que aún no alcancé las expectativas de nadie o en realidad no estoy muy
interesada, pues mi sueño es ser religiosa-
Qué? Escuchó bien? Ella había dicho "religiosa"?
-Por qué? Preguntó entre sorprendido y molesto tal vez?
-No lo sé - respondió ella con un suspiro cansino, supongo que lo sabré más adelante- replicó a su respuesta.
Y continuó conversando con Christian...
-Eres muy bonita, estoy seguro que te sobran pretendientes, no es así Christian? Cuestiona con sorna a Christian.
-Supongo-, responde su amigo, algo incómodo ante la pregunta. A él también, Lillian lo atraía, pero, él sabía que ella marcó una línea, cuando habló de su vocación.
Daniel agarró más confianza y empezó a halagar a Lillian más y más. Una Lillian muy sonrojada se despide con un apretón de manos y se mete a la casa, solo para enfrentar a su colérico padre, que en ese momento sin más preámbulo, le incrusta una sonora bofetada, replicando:
-Eres una desconsiderada, mal educada, mujerzuela barata, es la única definición que tengo para describir a alguien que se reúne con dos hombres en la calle-
Lillian asustada corre a su cuarto a encerrarse y llorar. De verdad era ella una mujerzuela?
No, nunca pudo entender los cambios de humor de su padre.
Esa noche durmió con lágrimas en sus ojos por el dolor de la bofetada y la inquietante voz de un hombre que repetidas veces le había dicho que era bonita.
Por primera vez en la vida, sintió, cómo mariposas revoloteando en su ser.
Finalmente una pequeña grieta dejaba ver colores de amor.
viernes, 9 de noviembre de 2018
Un saludo, el hechizo final
Él llegó a su casa, agotado, sonriente, había estado festejando su cumpleaños con sus amigos, esa noche cenaría con su familia una barbacoa sencilla y probablemente terminaría con una pequeña porción de pastel como postre.
-Daniel- dijo su madre, - Vino una joven señorita, preguntando por tí, quería pedirte un favor, que la ayudes a ubicar la casa de Christian, su nombre es Lillian.
Su mirada se iluminó y una sonrisa de felicidad asomó a sus labios, pero lo que jamás imaginó, pasó
-También te dejó dicho "Feliz Cumpleaños" -
Su madre no alcanzó a decir más nada y cómo un bólido salió disparado de su casa, corrió a casa de Christian a contarle las buenas nuevas, era muy entrada la noche, llegó y no paraba de morderse los dedos de la mano que tenía en forma de puño, girando en círculos dando pequeños saltitos de alegría.
-Fue a mi casa- dijo
-Sabe dónde vivo- dijo una vez más, pero está vez agarró a su amigo por los hombros y le dió una pequeña sacudida, quería hacerle sentir su felicidad.
-Podemos ir a su casa- indagó, - quiero darle las gracias-
-No podemos- dijo Christian - es tarde, deben estar durmiendo, iremos mañana, lo prometo-
Daniel volvió a su casa algo frustrado, pero muy feliz.
La hechicera fue a su casa y con eso terminó de embrujarlo, lo atrapó por completo.
Él ya estaba enamorado inconscientemente de esa hermosa bruja.
Lillian se sabía inconsciente de que ahora era dueña absoluta del amor y el alma de un hombre absolutamente he hechizado por ella.
Se había quedado dormida con un libro sobre su pecho.
Para ella fue solo un día cualquiera.